Es una lástima que el reconocimiento y la fama le llegue a uno una vez muerto, cuando no lo puede disfrutar ni saborear, pero a veces sucede, toda una vida de esfuerzo y nadie se hace eco de ello hasta que ya no estás, y entonces, de repente, llega el reconocimiento y todo son alabanzas.
Esto es un poco lo que le sucedió a nuestro escritor de hoy, John Kennedy Toole, cuyo mayor éxito fue póstumo, con la publicación de su novela La conjura de los necios (A CONFEDERACY OF DUNCES, en inglés). La novela fue publicada en 1980 y ganadó el premio Pulitzer al año siguiente.
Es un libro que hay que leer. Yo lo he hecho ya dos veces, y pronto creo que lo haré una tercera. Es alucinante, nunca he visto nada igual, ni nadie capaz de imaginar y describir (desde Salvador Dalí) ambientes y situaciones tan surrealistas, sórdidos en ocasiones, con una acidez y una inteligencia soberbias.
La historia gira entorno a Ignatius J. Reilly, un personaje indescriptible, lleno de complejos que harían enloquecer a cualquier terapeuta, antisocial, déspota e infantiloide, vago e incomprendido, que emprende día a día una especie de cruzada personal contra la humanidad, lo que le lleva a generar y a verse inmerso en toda suerte de situaciones absurdas y disparatadas, que hacen que te duela todo el cuerpo por no poder parar de reír.
Hay quien ha llegado a compara al antihéroe de esta novela con Don Quijote de la Mancha, por la particular visión del mundo que tiene, ajeno a la realidad circundante, y porque todo lo que comienza acaba en desgracia o disparate. Algunos incluso dicen que también es un Santo Tomás de Aquino perverso.
Ignatius J. Reilly es un incomprendido, una persona de treinta y pocos años que vive en la casa de su madre y que lucha por lograr un mundo mejor desde el interior de su habitación. Pero cruelmente se verá arrastrado a vagar por las calles de Nueva Orleans (donde se ambienta la novela) en busca de trabajo, obligado a adentrarse en la sociedad, con la que mantiene una relación de repulsión mutua, para poder sufragar los gastos causados por su madre en un accidente de coche mientras conducía ebria.
Esta novela es una obra que no puede dejar de leerse.
Esto es un poco lo que le sucedió a nuestro escritor de hoy, John Kennedy Toole, cuyo mayor éxito fue póstumo, con la publicación de su novela La conjura de los necios (A CONFEDERACY OF DUNCES, en inglés). La novela fue publicada en 1980 y ganadó el premio Pulitzer al año siguiente.
Es un libro que hay que leer. Yo lo he hecho ya dos veces, y pronto creo que lo haré una tercera. Es alucinante, nunca he visto nada igual, ni nadie capaz de imaginar y describir (desde Salvador Dalí) ambientes y situaciones tan surrealistas, sórdidos en ocasiones, con una acidez y una inteligencia soberbias.
La historia gira entorno a Ignatius J. Reilly, un personaje indescriptible, lleno de complejos que harían enloquecer a cualquier terapeuta, antisocial, déspota e infantiloide, vago e incomprendido, que emprende día a día una especie de cruzada personal contra la humanidad, lo que le lleva a generar y a verse inmerso en toda suerte de situaciones absurdas y disparatadas, que hacen que te duela todo el cuerpo por no poder parar de reír.
Hay quien ha llegado a compara al antihéroe de esta novela con Don Quijote de la Mancha, por la particular visión del mundo que tiene, ajeno a la realidad circundante, y porque todo lo que comienza acaba en desgracia o disparate. Algunos incluso dicen que también es un Santo Tomás de Aquino perverso.
Ignatius J. Reilly es un incomprendido, una persona de treinta y pocos años que vive en la casa de su madre y que lucha por lograr un mundo mejor desde el interior de su habitación. Pero cruelmente se verá arrastrado a vagar por las calles de Nueva Orleans (donde se ambienta la novela) en busca de trabajo, obligado a adentrarse en la sociedad, con la que mantiene una relación de repulsión mutua, para poder sufragar los gastos causados por su madre en un accidente de coche mientras conducía ebria.
Esta novela es una obra que no puede dejar de leerse.












